Complicado porque está claro que el raro es el que va a contracorriente de la normalidad, o sea yo misma.
El móvil entró en mi vida, tras años de negarme a él, hará unos 10 años; por lo que la mayor parte de mi vida he sobrevivido a su ausencia.
La paradoja es que lo mejor que me ha traído es su función de reloj, ya nunca más he llevado en mi muñeca ese artilugio que me coloqué por primera vez el día de mi comunión y no abandoné bien entrada la trentena, y por otra parte me va de perlas en caso de tener que contactar con alguien. Por lo que se puede ver dos de las funciones más básicas del adorado móvil …pero por lo visto me he convertido en la “antigua” del lugar ya que:
- Dejármelo en casa no me provoca un ataque de pánico.
- Si alguien me llama y no lo cojo no me hace sentir la obligación a devolver la llamada.
- No tengo wassap, lo que provoca extrañeza y casi rechazo social.
- No hago fotos con él.
- Si estoy comprando, charlando, durmiendo, comiendo …no cojo el móvil, éste dispone de un buzón de voz estupendo.


